«Siempre será mi Dios»: el testimonio de Ernesto en Mozambique
Ernesto sobrevivió a un ataque extremista en el norte de Mozambique. Hoy, con un hogar y un pequeño negocio, comparte su fe y pide oración por los desplazados.

«Desde que ocurrió el incidente, mi relación con Dios no ha cambiado». Son palabras de Ernesto, un creyente del norte de Mozambique que sobrevivió a un ataque extremista contra su aldea. La organización Open Doors, que contó su historia en febrero, publicó el 13 de octubre una actualización: aunque todavía arrastra secuelas físicas y emocionales, Ernesto tiene hoy un hogar, un pequeño negocio que funciona y una fe que se mantiene firme.
Su nombre real se ha cambiado por motivos de seguridad. Su historia, sin embargo, es representativa de la de muchos cristianos del África subsahariana que siguen confiando en Dios en medio de grandes pruebas.
Un día que lo cambió todo
Según el relato de Open Doors, un grupo de extremistas islamistas invadió un día la aldea de Ernesto y la quemó por completo. Muchas personas perdieron la vida. «No veíamos adónde ir, porque todo estaba rodeado», recuerda. Algunos lograron escapar; él no.
Tras ser capturado, sus atacantes intentaron obligarle a recitar una oración islámica, pero se negó por su fe. Las consecuencias fueron muy graves: sufrió torturas que le dejaron heridas y quemaduras cuyos dolores, según explica, aún siente años después. Por respeto a él y a nuestros lectores, no entraremos en más detalles.
El camino de la recuperación
La historia publicada en febrero describe cómo, al principio, las heridas lo dejaron paralizado. Pasó 45 días en el hospital antes de volver a casa para seguir recuperándose. Las cicatrices del cuerpo eran visibles; las de la mente tardaron mucho más en sanar.
Un colaborador local de Open Doors lo visitó y vio su necesidad. La organización cubrió sus gastos médicos durante un periodo de recuperación de siete meses. Su cuidador recuerda que Ernesto estaba muy desanimado, pero también una frase que le dijo entonces: «Estoy aquí, pero no estoy solo; estoy con Dios y con muchos hermanos involucrados en este proceso».
Un hogar y un negocio
En su actualización de octubre, Ernesto agradece la ayuda recibida. Durante un tiempo recibió alimentos cada tres meses, lo que le permitió dar de comer a sus hijos. El año pasado, otros creyentes apoyaron la construcción de su propia casa, y este año recibió una aportación económica para iniciar un negocio que, según cuenta, marcha muy bien. «Todo fue posible gracias a mis hermanos y hermanas en Cristo», afirma.
Su salud sigue siendo frágil. En 2022 y de nuevo el año pasado tuvo que someterse a cirugía. «No puedo decir que esté completamente sano. Por favor, oren por mí», pide.
Una fe que no se rinde
Lo que más llama la atención del testimonio de Ernesto no es solo su supervivencia, sino su perseverancia espiritual. «Nunca lo dejé, nunca renuncié a mi Dios. Él siempre será mi Dios», asegura en la actualización publicada por Open Doors.
Sus peticiones de oración no se centran en él mismo. Ernesto pide por las personas desplazadas en otros distritos, que no tienen dónde descansar, qué comer ni agua para beber, y por las iglesias formadas por creyentes refugiados. Sueña con una normalidad sencilla: que los hermanos puedan reunirse en la iglesia, que los niños puedan jugar al fútbol y que todos puedan pasar tiempo juntos «sin huir con miedo».
Reflexión: atribulados, pero no destruidos
El apóstol Pablo escribió a los corintios que los creyentes pueden estar «derribados, pero no destruidos». La historia de Ernesto encarna esa paradoja. Su cuerpo lleva marcas que quizá nunca desaparezcan del todo, pero su confianza en Dios ha salido fortalecida.
Su testimonio subraya además el valor de la iglesia como familia global. La recuperación de Ernesto no fue obra de una sola persona, sino de una cadena de hermanos: el colaborador local que lo visitó, los que oraron, los que donaron y los que ayudaron a levantar su casa. En un mundo que a menudo ve el sufrimiento lejano como una estadística, historias como esta recuerdan que detrás de cada cifra hay un nombre y una familia.
También invita a la gratitud a quienes vivimos la fe en libertad. Lo que Ernesto echa de menos, reunirse sin miedo, es algo que muchos tenemos cada domingo.
Cómo orar
Siguiendo las peticiones del propio Ernesto, se puede orar por:
- Su sanidad física y emocional, y por su familia y su negocio.
- Las personas desplazadas en Mozambique, para que tengan techo, alimento y agua.
- Las iglesias de creyentes refugiados, para que puedan reunirse y compartir su fe en paz.
Open Doors recuerda que el Día Internacional de Oración por la Iglesia Perseguida se celebra el 1 de noviembre.
Lee más historias de fe y esperanza en nuestra sección de Testimonios y sigue la actualidad de los cristianos que sufren por su fe en Iglesia perseguida.
Fuentes
- Open Doors UK & Ireland – “He will always be my God” – Ernesto’s update (13/10/2026)
- Open Doors UK & Ireland – Ernesto: suffering with Christ, bearing His cross (23/02/2026)
- Open Doors UK & Ireland – Vídeo: Mozambique, update from Ernesto
- Open Doors UK & Ireland – Student arrested and interrogated for his faith in Egypt (13/10/2026, referencia al IDOP del 1 de noviembre)

