Testimonios

De Croacia a Ribadeo: vidas entregadas a la misión

En una conferencia misionera en Marín, Eva Mrsic y el matrimonio Allan-Filgueira compartieron décadas de servicio en Croacia y Galicia, entre pérdidas y frutos.

Edificios históricos en el centro de Ribadeo (Lugo)
Edificios históricos en el centro de Ribadeo (Lugo) Foto: Vanbasten 23 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0 · Créditos

Una misionera que decidió quedarse en un pequeño pueblo croata tras perder a su marido. Un matrimonio que lleva más de cuarenta años sirviendo en Galicia y hoy abre su casa a los peregrinos del Camino de Santiago. Sus historias fueron el corazón de la conferencia misionera que las Asambleas de Hermanos de Galicia celebraron a finales de septiembre en Marín (Pontevedra), con más de 200 asistentes.

Una conferencia después de veinte años

Según la crónica de Protestante Digital, firmada por Daniel Hofkamp, los organizadores recordaron que hacía veinte años que no se celebraba un encuentro así en su comunidad. Lo consideraban necesario no solo para presentar proyectos, sino para impulsar la vocación misionera de una nueva generación. José Pablo Sánchez, presidente de Decisión, expuso los fundamentos bíblicos de la misión. Pero fueron los testimonios los que pusieron rostro a esas ideas.

Eva: quedarse donde Dios la puso

Eva Mrsic es barcelonesa y creció en una familia creyente. En 1989 se trasladó a la entonces Yugoslavia y en 1990 se casó con Daniel, croata. Vivieron en Split desde 1991 hasta 2017. Allí fundaron la iglesia «Buenas Nuevas» y trabajaron con refugiados, huérfanos, personas con adicciones y niños con discapacidad. En 2006 adquirieron un terreno de 32 hectáreas en la región de Lika para el Campamento Fokus.

Croacia, explicó Eva, sigue siendo un país muy tradicional, con unos 5.000 o 6.000 creyentes evangélicos.

La prueba

En 2016 llegó la noticia más dura: a Daniel le diagnosticaron un tumor cerebral. Entonces se trasladaron a Gospić, un pueblo de 12.000 habitantes en una de las regiones menos evangelizadas del país. Daniel falleció hace cuatro años y medio.

Eva decidió quedarse. Hoy sigue en Gospić, donde comparte su fe a través de la amistad y el voluntariado. Trabaja también con personas ucranianas y con una asociación de ayuda a la infancia, y en el pueblo funciona ya un grupo de estudio bíblico. Su lección, compartida en Marín, fue sencilla: «Estar presentes es la clave para que se abran puertas».

Trevor y Manoli: hospitalidad en el Camino

Trevor Allan y Manoli Filgueira son un matrimonio misionero que vive en Galicia desde 1982. En Ferrol fundaron la obra evangélica de El Olivo, con una cafetería, colaboración con el Centro Reto para la rehabilitación de personas con adicciones y una escuela-taller para la reinserción de jóvenes. Después comenzó la obra en Narón, y hoy viven en Ribadeo (Lugo), donde han emprendido un nuevo proyecto.

Un albergue para peregrinos

En Ribadeo, el Camino de Santiago les abrió una puerta inesperada. Tras cinco años de preparación, llevan tres con un albergue que aloja a entre 13 y 15 personas y recibe unos 2.500 peregrinos al año. Ofrecen hospitalidad, reparten Nuevos Testamentos, ponen música cristiana y los viernes celebran una cena comunitaria, con la ayuda de entre dos y cuatro voluntarios.

«Las personas pasan, están buscando, pero no saben qué», explicó Manoli, que subrayó la importancia del testimonio de vida y de la atención personal para abrir puertas y derribar prejuicios.

Análisis: la misión de la presencia

Lo que une estas historias no es el éxito espectacular, sino la perseverancia. Eva podría haber regresado a España tras la muerte de su marido; eligió quedarse en un pueblo pequeño y poco evangelizado. Trevor y Manoli llevan más de cuatro décadas en Galicia y, lejos de retirarse, han empezado algo nuevo.

Sus testimonios recuerdan que la misión no siempre consiste en grandes campañas. A menudo es estar: tomar un café, acoger a un peregrino cansado, acompañar a una familia, mantener una amistad durante años. Es lo que en Marín se resumió con una idea: la misma misión que cruza fronteras está al otro lado de la puerta de casa.

La Biblia describe así la vida de la comunidad cristiana: «compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad». Un albergue en el Camino y una amistad paciente en un pueblo croata son formas concretas de vivirlo.

También son un estímulo para las iglesias locales. No todos están llamados a mudarse a otro país, pero cualquier comunidad puede preguntarse cómo abrir sus puertas a quienes pasan cerca, ya sean vecinos, estudiantes, inmigrantes o peregrinos.

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Fuentes

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